CRÓNICA DE UNA JORNADA MEMORABLE

 

AmpliarCRISTóBAL CELEBRA EL DíA DEL ÁRBOL

SÁBADO, 1 DE MARZO.

A las cinco de la tarde está previsto el inicio de la ruta por la naturaleza. Su objetivo es mostrar a los participantes los principales árboles de la zona. Son las cuatro y media de la tarde del sábado 1 de marzo y los primeros niños y adultos comienza a llegar a la plaza del Ayuntamiento. Algunos entretienen la espera jugando, otros se mueven impacientes y los adultos se sientan en las bancadas que rodean la plaza.

Unos minutos antes de las cinco el responsable-guía de la ruta sale del Ayuntamiento, reclama atención a los congregados y pide a los niños que se acerquen. Les hace entrega de un plano guía de la ruta en la que aparece señalado el recorrido, y de un cuaderno de campo en el que aparecen contenidos como la referencia a los principales árboles de la zona, algunas reflexiones para concienciar a los niños de la importancia de la ecología y la defensa del medio ambiente, unas poesías relacionadas con los árboles y la naturaleza, y algunas siluetas de árboles para decorar. También contiene un recortable.

Pasados unos minutos de las cinco se inicia la marcha. Pronto superan las últimas casas del pueblo y se encuentran con los primeros árboles: castaño, manzano… La ruta no ofrece dificultades. Algunos niños, impacientes, marcan un ritmo elevado en el recorrido. Están ansiosos por llegar al final. La ruta serpentea entre las fincas. Las paredes limitan el recorrido. El guía se esfuerza por mostrar a los niños las características de los árboles del recorrido. Algunos pasan de la explicación. Otros prestan atención. Algunos toman notas y buscan el contenido en el cuaderno. Señalan en el plano guía el lugar donde se encuentran.

Apenas en tres cuartos de hora alcanzan el punto final del recorrido. Deciden regresar pues algunos niños son pequeños, pero apenas se les nota el cansancio. A la vuelta, un grupo de niños marcha delante marcando el ritmo. Están ansiosos por volver, por ser los primeros. Apenas en hora y media están de nuevo en la plaza. Se inician algunos diálogos y valoración. Esperan instrucciones. El guía hace algunas preguntas y reflexiones y les despide hasta el domingo a las doce de la mañana. Los niños se dispersan con rapidez. La mayoría en busca de un bocadillo para reponer fuerzas.

DOMINGO, 2 DE MARZO.

A las once y media, los miembros de la organización se reúnen en el Ayuntamiento. Revisan las competencias y responsabilidades de cada uno, comprueban si los materiales están preparados y los responsables de las credenciales se marchan a la plaza de la iglesia. Colocan unas mesas, ordenan el material y se disponen a esperar la llegada de los participantes. Van llegando. Esperan impacientes a que les entreguen el material. Los niños y niñas forman cola delante de la mesa. Dan su nombre y se les entrega una credencia que cuelgan del cuello, el cuaderno de campo, unos señalapáginas, chocolatinas y caramelos.
Los periodistas hacen fotos y toman notas de los diálogos con los organizadores y con los niños. Piden que los niños se agrupen para hacer la foto de familia. Un miembro de la organización aprovecha para dialogar con los niños y hacerles reflexionar sobre la importancia de los árboles, sus beneficios y los problemas medioambientales.

Son las doce y media. Ha llegado el momento. La organización proporciona piedras (pizarras) a los que no las tienen. En un taller improvisado, los niños escriben su nombre sobre la piedra.

Se forman los grupos y se distribuyen sobre la ladera que desciende a la trasera de la iglesia. El sol brilla con fuerza. Algunos niños están impacientes por plantar el árbol. Sobre unas bandejas, ciento cincuenta encinas y quejigos esperan. Dentro de quince días se plantarán otros árboles ornamentales. Los niños se desplazan llevando la piedra con su nombre. Los responsables de cada grupo señalan los lugares donde hay que plantar. Las azadas cortan la tierra y abren los hoyos donde se depositarán las plantas.
- ¡Oye, pásame la azada!
- Espera, que aún no he terminado.
Las primeras plantas quedan enterradas en los huecos que se rellenan de tierra que se comprime con las manos y con los pies.
- ¡Eh, que te ha quedado torcida!
- Vale, ahora la enderezo.
- ¿Dónde lo planto yo?
- Ahí, no, que quedan muy cerca. Vete un poco más allá.
Se observa alguna improvisación. Se nota que es la primera vez. El próximo año seguro que habrá más organización.
Los niños se afanan; algunos ayudados por sus padres. El momento es hermoso. Los árboles van quedando plantados en la tierra. Todos quieren dejar constancia de su tarea. Colocan la piedra con su nombre junto a la planta. Algunos colocan piedras alrededor, como si quisieran proteger la planta. Sobran planta y algunos repiten o bien lo hacen los adultos.
- Yo también quiero plantar un árbol.
- Dame una encina.
- Yo prefiero un quejigo.
- Los quejigos son en aquel cerro.

Los niños van terminando. Todos los árboles están ya plantados. Reflexionan en voz alta. Suspiran. Miran alrededor.
- ¡Qué bien nos ha quedado!
- Yo he plantado tres.
- Papá, yo quiero volver al año que viene.
- ¿Y cuánto falta hasta el año que viene?
- Pues el mío seguro que va a prender.
- ¿Y quién los va a regar para que no se pierdan?
- ¿Y si se seca o se lo come un animal?
- Pues yo voy a venir con mi papá el próximo fin de semana.
Pequeños y mayores inician el regreso. Es la una y media de la tarde. Los organizadores anuncian que la comida será a las dos y media en el aula del frontón. Los grupos se dispersan. Algunos recorren el pueblo. Otros van a preparar las mesas y las viandas. La comida se realizará con los alimentos que han aportado las familias. Un grupo de Salamanca ha comprado trescientos pasteles, regalos y pasteles.

A las dos y media todos están sentados a las mesas. Se nota que el hambre aprieta. Algunos grupos comienzan a comer. Los niños comen primero y se salen a jugar.

- ¿Dónde hay pan? ¿Quién tiene el sacacorchos?
- ¿Quién os ha dado ese chorizo? Este lomo tiene muy buena pinta.
- No dejes de probar el hornazo y el queso. Están “de muerte”.
- ¿Queda cerveza por ahí?

Poco a poco llega la comida a todas las mesas. Se oyen conversaciones pero todos se aplican a la comida. Hacen comentarios sobre el desarrollo de la jornada. La satisfacción es la tónica general. Algunos incluso sienten alguna emoción. Son conscientes de lo que el acto significa.

Sacan las bandejas de pasteles. Los más pequeños “no pierden ripio”. Alguno observa con ojos golosos antes de decidir por cuál empiezan.
- ¿Queréis más pasteles?
- No, aún nos quedan en la mesa.
- Animaros que están buenos.
- Si, pero se agarran a las cartucheras.

Aparecen las primeras jarras con el café. El azúcar no aparece o falta alguna cucharilla. La satisfacción se marca en los rostros, en las conversaciones.

Un miembro de la organización intenta que le escuchen. Alguna voz mas alta consigue que los murmullos vayan bajando.

Consigue hacerse oír y expone las actividades que faltan.

- Bien, ahora vamos a proceder a recoger las mesas y a quitarlas del centro. Nos sentamos alrededor, haciendo un gran corro para que todos nos podamos ver. Vamos a sortear una serie de regalos que nos han dado algunas instituciones o que nos han donado algunas personas.
Se reparten los números y la mano de una niña va sacando los números de una bolsa. Todos esperan expectantes con el deseo íntimo de que canten su número. Surgen las anécdotas y la gente, de muy buen humor, no duda en corear la palabra ¡tongo, tongo! ¡enchufado! ¡que venga un notario!
Un niño se acerca y entre desconsolado y enfadado le dice a un miembro de la organización:
- A mi no me ha tocado ningún regalo y a mi padre si.
- Bueno, si le ha tocado a tu padre, te ha tocado a ti.
- No, a mi no me tocado.

No recibe respuesta y se mancha un tanto desconsolado. Los organizadores se dan cuenta de que han cometido un error. Ningún niño se puede marchar sin que le toque un regalo.
- Bueno, ahora vamos a realizar un juego. Se titula “No me mires, que te veo”. Se trata de que todas las mujeres os coloquéis en un extremo del aula, mirando a la pantalla, de espaldas a nosotros. En el otro extremo os situáis los niños, niñas y los adultos masculinos.

Aparece una caja repleta de claveles blancos. Nadie sabía nada de esto. Es la sorpresa. Se entrega a cada niño un clavel con una tarjeta en la que puede leerse una dedicatoria en verso: “Al despertar esta mañana/ estabas en mi corazón/ Y del amor que te tengo/nació esta hermosa flor”.

Cuando todos disponen del claven y están situados detrás de las madres, se pide a éstas que vuelvan. La sorpresa es general. Los rostros de las madres muestran sorpresa, admiración, emoción. Algunas no se reprimen y abrazan y besas a sus hijos. Algunos ojos se humedecen. Es un momento muy emotivo. Todas las mujeres van recibiendo un clavel. Aplauden de satisfacción. Elogian la iniciativa.

Algunos miembros de la organización han montado un proyector para cantar dos canciones de Roberto Carlos. Proyectan en una pantalla unas imágenes y la letra de la canción sobreimpresa. La mayoría canta siguiendo la voz de Roberto Carlos. Se trata de “El Progreso” y “Un millón de amigos”. De nuevo la emoción se manifiesta en los ademanes y en el rostro de algunos y algunas. Siente el sentido de la canción. Aplauden.

Comienza la última actividad. Se entrega a los niños globos para que los inflen y escriban frases positivas y negativas referidas al medio ambiente, a la contaminación. A lo que desean que ocurra y a lo que no desean que ocurra. Los globos con las frases positivas intentan que vuelen. Los globos con las frase negativas los distribuyen por la pista del frontón y saltan sobre ellos para explotarlos.

Estamos llegando al final. Se entregan los diplomas a pequeños y mayores. Se comprometen a regresar en mayo para comprobar cómo van sus árboles y a realizar la “Marcha de la Primavera”, recorriendo la “Ruta de Entresierras” hasta Cabeza de los Negros. Algunos se marchan. Mañana hay que trabajar. Algunos niños tienen pendiente de hacer los deberes. Otros tienen un examen. Hay caramelos por todas partes. Algunos adultos se resisten a marcharse y se acercan a los bares a tomar un último café y expresar sus opiniones: la satisfacción es general.

- ¡Cómo se lo han currado, estos de la organización!
- ¡Tío, lo de los claveles ha sido “demasiado”!
- Mi mujer se ha emocionado.
- Y las canciones, ¿no me digáis que no ha sido un puntazo?
- La verdad que ha estado muy bien.
- Bueno, nos vamos, pero en mayo nos volvemos a ver.
- Seguro, aquí estaremos. Esto merece la pena.
- Hasta mayo.

(AÑADIREMOS MÁS FOTOS Y VÍDEOS SEGÚN NOS VAYAN LLEGANDO)


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