OCHENTA Y CINCO PERSONAS VISITARON SEGOVIA Y LA GRANJA
Ocho de la mañana. Nos vamos a Segovia con la incertidumbre del tiempo. Llegamos a Segovia y recorremos sus calles hasta el Alcázar. En el viaje fue cómodo, en buenos vehículos. En algunos momentos llovió, pero no afectó a nuestra visita.
El Alcázar nos asombra por la fortaleza de sus muros, por sus artesonados y por las armaduras.
Recorremos la ciudad llena de turistas y de historia. Nos asombra el Acueducto por la altura de sus arcos y el equilibrio de sus piedras. La vistas desde su altura son impresionantes.
Volvemos a los autocares y nos vamos camino de La Granja. Hacemos un alto para comer en un merendero y algunos aprovechamos para dar una cabezadita.
Es la hora. Otra vez a los coches. Apenas unos minutos y nos dejan cerca del palacio y los jardines.
Comienza el vals del agua de las fuentes. Cada una distintas, pero todas hermosas, impresionantes, sorprendentes. En la primera fuente, unos jóvenes nos amenizan la espera tirándose al agua. Un guarda con una bandera nos guía de una fuente a otra. Más de quince mil personas contemplan el espectáculo de los chorros de agua, de las estátuas arrojando agua y de muchas bocas surge el ¡ohh! del asombro. Algunos se mojan. Saltan y ríen.
La tarde cae y con la última fuente, iniciamos el retorno. A medio camino un alto para un último café. En la televisión se juegan los últimos minutos de un partido de fútbol.
Llegamos a Cristóbal. Todo ha ido bien. Nos despedimos y nos emplazamos para el próximo año. ¡Merece la pena haber madrugado!
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